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Es mucho el camino por recorrer y apenas empezamos a gatear. Pero
es importante que tomemos conciencia y lo hagamos ya. La sociedad
exige cada vez más la realidad de una democracia participativa. Los
políticos de a poco van descubriendo la importancia del Internet,
pero en un país atribulado por carencias y necesidades urgentes, los
temas de conectividad y acceso universal, servicios en línea y atención
a la ciudadanía al Internet son relegados a un segundo plano.
Pero las estadísticas no nos permiten seguir ignorando la red. Los
datos nos hablan ya de un 5% de la población, un 5% que probablemente
paga más de la mitad de los ingresos sobre la renta que alimentan al
Estado, un 5% que cuenta con las mejores posibilidades de ser
catalizadores y agentes de cambio.
En la actualidad, buena parte de las instituciones gubernamentales
nacionales tiene presencia en Internet, algunas con un buen nivel de
servicios a la ciudadanía y muchas con una función puramente
institucional o informativa. Falta mucho por hacer, pero ahí vamos.
El año pasado se elaboraron y presentaron 3 proyectos de Ley: Ley
de Comercio Electrónico, Documentos y Firmas Digitales; Ley de
Delitos Informáticos y Ley de Gobierno Electrónico. Juntos conformarían
el marco jurídico que serviría de base para el despegue definitivo
de la Tecnología de la Información y el Internet tanto a nivel público
como a nivel comercial privado. Algunos temen el avance de la tecnología,
de la misma forma que muchos soviéticos temían la perestroika y el
glasnot (palabras rusas que significan apertura y transparencia)
porque veían en ellas el fin de una era, el fin de su era, donde podían
ocultar tras burocracias e ineficiencias la realidad de los procesos y
transacciones.
Corresponde ahora a los congresistas electos mostrar en el
ejercicio de sus cargos ganados su compromiso con el avance del país
y el fortalecimiento de nuestra competitividad tecnológica,
conociendo dichos proyectos y haciéndolos Leyes para beneficio de
todos. Aquellos que así lo entiendan, estarán tomando la delantera y
garantizando su lugar en la sociedad de la información, mientras que
aquellos que opten por ignorarlo, no serán inscritos en el libro de
la tecnología y llegarán rezagados y con desventaja a un mañana que
ya nos toca las puertas.
No podemos terminar sin mencionar que nos corresponde a nosotros,
todos los privilegiados, hacer uso de nuestros privilegios (que ojalá
y fueran derechos), y participar activamente, aprovechando a nuestro
favor el medio con que contamos. Si en la democracia participativa la
sociedad civil es representada por unos pocos, tenemos apenas otra
variante de democracia representativa. No basta con la creación de
espacios para la participación ciudadana, es preciso que dichos
espacios los llenemos todos nosotros, a conciencia, con
responsabilidad porque en ellos radica la esperanza para nuestro
futuro y el todos en conjunto.
por Carlos Miranda Levy
carlos@civila.com
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